Hace unos veinte años llevé a mi hijo mayor a la guardería por primera vez, él tenía algo más de tres años. Y hasta entonces, solo me había separado de él unas pocas horas dejándolo al cuidado de una de sus abuelas. Por eso, para mí fue un día difícil.
El crio iba súper contento al cole y no lloró en ningún momento, ni siquiera al despedirnos.
Pero yo si.
Yo me quedé casi una hora, ansiosa perdida y llorando, poniéndome de puntillas para ver el patio de recreo por encima de la tapia y asegurarme de que mi niño estaba bien. Hasta que una de las seños me vio. Y me invitó a pasar.
Mi hijo, al verme, me dio un beso y siguió a sus cosas con los otros nenes tan contento y yo me quedé allí observando como jugaba con ellos, cantaban y les enseñaban como funciona el mundo. Salí de allí fascinada.
Y me dije: ¡yo quiero ser profe!
Por entonces yo no trabajaba y mi marido estaba muy bien con eso, así que cuándo le dije que quería estudiar Magisterio me lo quitó de la cabeza: «¿pero dónde vas embarazada y con un niño pequeño?» -me dijo. Además, siempre me habían dicho en casa que yo no valía para estudiar, y yo me lo había creído, por eso yo tampoco insistí mucho.
Pero pasaron los años, y los nenes ya eran más mayores, así que decidí que era el momento. Solo había un par de probemillas: Yo trabajaba unas 10 horas al día, a jornada partida y de lunes a sábado… y Magisterio no se puede estudiar on-line
Pero alguien me dijo: «puedes estudiar Psicología y después opositar para profesora de instituto…» y yo pensé que era una opción estupenda. Y me lancé.
Descubrí una carrera que me enamoró, descubrí que se me daba muy bien estudiar y lo di todo los cuatro años siguientes: estudiaba incluso sentada en la taza del water… y conseguí mi título de Psicología y con buena nota… a pesar de que iba agotada en mi trabajo.
Pero la vida me dio un golpe muy duro, y yo me derrumbé, toqué fondo y aparqué todos mis sueños. Mi poca energía era solo para sobrevivi,r y que mis hijos supieran que seguía ahí amándoles a pesar de que no quería salir de la cama.
No os podéis imaginar lo que sígnica para mi, poder contaros que un par de horas (estoy escribiendo esto a las 8 de la mañana) empiezo mi nuevo trabajo como Profesora de Psicologia en un centro de formación para profesores de autoescuela.
Así que sí, queridos míos: Los sueños se cumplen. Lo único que se necesita es FOCO, y no me voy a cansar de repetirlo porque es la puta verdad.
Y si tu también quieres conseguir tus sueños, o simplemente recobrar la ilusión por levantarte cada día de la cama, puedes escribirme para reservar una sesión conmigo.
Un besico,
Carmen
Para reservar cita: (34) 618 148 005